29 ene 2014

Siempre

Esa tarde era como las de siempre. Entró en el tercer vagón del metro y se sentó en el único sitio que había libre. Se acomodó y abrió El jardinero fiel por la página 292, lo mismo de siempre. Pero esta vez, a dos paradas de casa, algo le obligó a cerrar el libro. En ese momento levantó la mirada y vio unos ojos marrones que lo observaban. Ella agachó la cabeza al ser descubierta, se levantó lentamente y se dirigió hacia la puerta. Al pasar a su lado, el chico pudo vislumbrar las ruinas de una sonrisa en su cara. Atónito, la perdió entre la gente que había en el andén. Él nunca más fue el mismo de siempre.

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