19 jun 2012

Echando la vista atrás


Hace más de un año escribí aquí una lista con cosas que me gustaría hacer. La he revisado y me he dado cuenta de que ya he conseguido unas cuantas. Lo malo es que se me ocurren otras muchas que puedo añadir. Pero, es un avance y una buena señal, ¿no?

- Conocer París y hacerme la típica foto debajo de la Torre Eiffel. E ir a Alemania, Grecia, México... De momento la falta de tiempo y dinero me lo impiden. ¡Vaya! esto todavía no lo he hecho. Pero ya caerá.
- Leer todos los libros que no me dio tiempo a leer en la carrera porque en esos momentos eran más útiles los resúmenes de internet (sí, lo sé... parece mentira para una filóloga). Creo que empezaría por La Regenta porque la tuve que dejar a medias a pesar de que me estaba encantando... Ayy, ¡Vetusta! Cumplí mi palabra, la volví a empezar hace poco.
- Recuperar el poco italiano que aprendí hace años y que tengo guardado en algún rincón de mi cerebro. La semana pasada me compré un libro con un millón de ejercicios de gramática italiana. Es hora de hacer memoria.
- Hablando de Italia... volver a Venecia y a Roma (por tercera vez). Nunca me cansaré de sus calles y canales. No habrá sido por ganas...
- Ser capaz de mantener una conversación en inglés (y que el interlocutor me entienda...). Jajajajajaja.
 - Escribir un libro, aunque sea de cuentos. Dicen que en la vida hay que hacer tres cosas: plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. El primero ya está y el tercero... bueno, eso es algo más complicado. Lo del libro está en mente, lo está. Lo otro sigue igual de complicado (e inoportuno).
- ¡Aprender a cocinar de una vez! He avanzado, aunque mi profesora no pensará lo mismo.
- Ir a algún país de Sudamérica como profesora voluntaria. Ya se me ha pasado más de una vez por la cabeza y todavía no me he lanzado. Esto lo hizo mi querida prima por mí, pero cambió Sudamérica por África.
- Ir a un concierto de Fito y a otro de Bruce rodeada de amigos. ¡Magnífico Bruce!
- Ver una aurora boreal. Como no empiece a haberlas en la Puerta del Sol...
- Trabajar en un colegio y tener a un montón de chavales de quince, dieciséis y diecisiete años haciéndome las preguntas más insospechadas y retorcidas. ¡Hecho! Y sí, las preguntas son más que retorcidas.
- Caminar y caminar sin un rumbo establecido. ¡Me pondría ahora mismo! ¿Alguien se apunta?
- Tener una casa con vistas al mar. ¿Qué mar? da igual. Lo echo de menos. No está la cosa como para hacerse con casas...
- Como no, lo que está en todas las listas: formar una familia con la que vivir en la casa anterior. Vuelve a leer lo del hijo.
- Distinguir una a una las estrellas y constelaciones más importantes. Ya ha habido varios intentos pero nada, que no hay manera. Lo he intentado, lo prometo. De todas formas en Madrid no puedo practicar.
- Llegar a las mil visitas en el blog. Aunque de momento me conformo con los cuatro meses que llevo on-line. Muchas gracias a los que aumentáis poco a poco el contador. ¡Ya están superadas las dos mil y los cuatro meses!
- ... podría seguir pero no quiero que esas visitas empiecen a bajar.

11 jun 2012

Cómo no me va a gustar

Hace unos meses visité este rinconcito de Asturias. Vigilada por el Picu Urriellu y alejada de todo se encuentra Bulnes, una aldea pequeñina de unos treinta habitantes en la que se respira de verdad. Un trocito del paraíso, un lugar de respiro, un remanso de paz. Precioso.










9 jun 2012

De viaje

La chica que está sentada frente a mí tiene la mirada perdida. Desde que entró en el vagón lleva los dedos índice y corazón cruzados, está deseando algo desde lo más profundo de su corazón. Tal vez vaya a ver la temida lista con las notas de su última asignatura de la carrera, no se puede permitir estudiar un año más. O tal vez esté esperando la llamada que le diga que tiene un puesto de trabajo en el extranjero, está agarrando su teléfono como si éste fuera a tirarse a las vías del tren. A su lado hay un chico de aspecto extranjero, lleva el pelo alborotado y gafas redondas que le dan un toque intelectual. La blazer a cuadros que viste desentona con el tiempo, parece un bohemio. Saca de una bolsa un cuaderno y un bolígrafo y se pone a escribir. ¿Será el ganador de un futuro premio literario? O puede que simplemente esté haciendo un recuento de todo lo que desearía hacer en su vida. Él no lo sabe, pero la chica que está a su lado será fundamental para que pueda cumplir el punto número ocho de la lista.
El megáfono anuncia la próxima parada y la chica de los dedos cruzados se levanta y se prepara para salir. Su lugar será ocupado por un payaso. Sí, un payaso con peluca rubia, grandes zapatos rojos y con lágrimas negras pintadas en la cara, seguramente por los tiempos que nos toca vivir. Todos lo miran. El bohemio ni se inmuta. No sé a quién me recuerda... Puede que a algún que otro personaje que aparece continuamente en la televisión.
A continuación, y sin previo aviso, aparecen cuatro chicas de unos dieciocho años más maquilladas que el anterior y con unos andares bastante turbios. No lo había dicho pero estamos a viernes y son las ocho y media de la mañana. Hablan a voces y todos nos enteramos, por desgracia, de su última noche. Créanme, no estuvieron tranquilamente sentadas en un bar mientras intentaban arreglar una pequeña parte del mundo. Tengo la esperanza de que al menos la mitad de los de su edad no se preocupe solamente por destrozarse el hígado. Inconscientemente ahora soy yo la que cruza los dedos.
En la siguiente estación casi todos los pasajeros se bajan y suben otros nuevos. El señor que está sentado junto a mí está leyendo un periódico. Aunque no me gusta cotillear lo que leen los demás, no puedo evitar que se me vayan los ojos: crisis, matanzas, atentados... Solamente se me viene un pensamiento a la cabeza: estamos jodidos. Afortunadamente todavía queda un poco de bondad aunque no la veamos a simple vista. Personas que arriesgan sus vidas, que lo dejan todo por los demás. Espero que nunca dejen de estar ahí. Cruzo los dedos de la otra mano.
He llegado a mi destino, así que sigamos con el paseo.