Lo confieso, no soy la persona más adecuada para hablar de Llanes. Conozco lo justo y tal vez me pierda para llegar a Puertu Chicu. Pero sé que me gusta pasear por sus calles estrechas, buscar miradas conocidas entre la gente, tomar un corte de nata en Revuelta, sentarme a comer pipas a las tantas de la madrugada en el puente y, desde que era pequeña, entrar en El Siglo y no saber a dónde mirar con tantas cosas en cada rincón de la tienda.
Pasear por el Paseo de San Pedro, acercarse al borde del acantilado y ver el mar sin fin, darse la vuelta y encontrarte de frente con las montañas que abrazan la Villa. Eso sólo pasa aquí.
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| Paseo de San Pedro |
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El Sablón
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La buganvilla de la Basílica, los balcones de las casas llenos de flores, la muralla y la torre iluminada en Navidad. Las fiestas, la alegría, las noches, el olor a mar que inunda cada rincón, los fuegos artificiales, la gaita y el tambor. El verde y el rojo. Llanes es el centro de muchas bienvenidas y despedidas, de momentos especiales, que siempre guardaré en mi memoria.
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| Muralla |
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| Puerto |
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