8 ene 2011

¡Qué pena!

Recién llegada de tierras asturianas voy a compartir con vosotros uno de esos momentos que las vacaciones me han permitido vivir.

Una tarde de la semana pasada, después de una de tantas comilonas y celebraciones, decidí salir de casa rumbo a la playa de San Antolín (Llanes) para poder disfrutar del atardecer en el mar. Así que, bien abrigada y cámara en mano, comencé mi paseo.
Todo iba estupendamente hasta que llegué a mi destino y me encontré una desagradable sorpresa: un olor nauseabundo inundaba el lugar. El aparcamiento estaba plagado de ocle podre y agua estancada. Intenté bajar por el pedregal para llegar a la arena pero fue imposible. Quiero pensar que esto no esté así desde los temporales de noviembre y que sea algo más reciente, pero mi instinto me dice que no. Mi instinto me dice que, como siempre, el ayuntamiento de Llanes no mira mucho más allá de Celorio y que le trae sin cuidado lo que pase en el resto del concejo.
Indignada, salí de la playa y empecé a caminar en dirección al monasterio que da nombre al arenal. Para ello me adentré en la senda de la que hablé entradas atrás. Se trata de un tramo inaugurado, si no me equivoco, hace menos de dos años. Desde ahí pude acceder al mirador que corona San Antolín. Las vistas eran preciosas, el cielo se enrojecía y se reflejaba en el mar.
Esa sensación de bienestar se acabó de golpe cuando me dio por dirigir la vista hacia la orilla desde esa situación privilegiada. Una gruesa y larga línea de maderas, ruedas y otras basuras frenaban las olas. Suspiré y, pensando que no podría encontrarme más obstáculos, seguí caminando. Pero me equivoqué.
Un poco más adelante y al borde de la senda di con un gran socavón. Por supuesto, no se alertaba del peligro de ninguna manera ni estaba protegido para impedir que alguien se caiga y vaya a dar con sus huesos en la playa (la altura es considerable). Hice la foto de rigor para dejar constancia del desastre y continué el "paseo".
En ese momento ya no pude seguir por la famosa senda porque los matorrales, e incluso árboles, se habían hecho con ella y era imposible atravesarla. Otra muestra más de cómo funcionan las cosas por la zona. Así que salí y continué por la carretera hasta que pude incorporarme.
Por fin llegué al monumento nacional del monasterio de San Antolín de Bedón donde pude comprobar que los grafitis que lo ensucian desde hace años allí siguen, intactos.
Monasterio de San Antolín de Bedón
Completamente desanimada empecé el regreso a casa. Mi paseo de placer se convirtió en un reportaje fotográfico del "buen hacer" de nuestro Ayuntamiento. Un Ayuntamiento que construye grandes polideportivos en el centro de pequeños pueblos y al otro lado del muro de casas centenarias, que levanta escuelas al pie de las vías del tren o que da licencias para construir edificios que nada tienen que ver con su entorno. Recientemente se llevaron a cabo las obras de saneamiento de algunas aldeas. Me encantaría que vierais las inundaciones que hay delante de algunas casas cada vez que llueve (que en Asturias es más que frecuente) por lo mal rematadas que están las obras.
En vez de gastar el dinero en cosas innecesarias, por favor arreglen y cuiden las que ya están. Que es incomprensible que en la playa de la que llevo todo el rato hablando, la más extensa del concejo, no haya una mísera ducha.
Me queda el consuelo de que de vez en cuando se les pone en su sitio. A principios de mes el Principado multó con 3.000 euros al Ayuntamiento por realizar unas obras sin haber solicitado la licencia correspondiente a la Conserjería de Medio Ambiente.
Pero al fin y al cabo los que acaban pagando el pato son siempre los mismos: todos los llaniscos.

Pido perdón por esta entrada de denuncia tan llena de indignación, pero me sentía obligada a escribirla. Como recompensa os dejo una muestra de lo mejor de esa tarde.

2 comentarios:

Javi dijo...

¿Y no se le puede escribir al Ayuntamiento en cuestión protestando por tan lamentables condiciones?

Unknown dijo...

Ya me puse en contacto con algunas entidades, entre ellas el periódico de la zona. Puede que el próximo paso sea el Ayuntamiento.

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