"El tiempo es muy lento para los que esperan,
muy rápido para los que tienen miedo,
muy largo para los que se lamentan,
muy corto para los que festejan [...]"
(W. Shakespeare)
El azul, el mar, los paseos, el color, bonjour, la gente, las risas, la terraza, la luna y su reflejo, las sorpresas, las palmeras, los viajes en tren, las plazas (¡Garibaldi!), las aventuras inesperadas, la relajación, el silencio (a veces)... La Côte d'Azur. Mereció la pena, ¡qué bonito todo!
El punto cero lo tenía en Niza y desde ahí conocí otros lugares. Su nombre viene del griego Nikaia, que significa "la victoriosa". Era un puerto de guerra que fundaron los griegos y con el que más tarde se hizo Julio César. A partir de ahí y tras varias guerras, fue pasando de mano en mano debido a su importante valor estratégico. No pasó a ser de Francia hasta el 14 de junio de 1860 cuando Napoleón III negoció este condado con la excusa de ayudar a Italia en su reunificación.
El primer día, tras la llegada al aeropuerto y después de no tener que buscar el autobús 98 (¡merci beaucoup!) nos plantamos en Niza.
Hicimos la foto de rigor delante del hotel Negresco, recorrimos las calles del viejo Niza y subimos hasta lo alto de la colina del castillo (o ya puestos, Colline du Château) y... ¡menudas vistas más espectaculares! Desde ahí se ve toda la Baie des Anges y la Promenade des Anglais, llamado así por los aristócratas ingleses que se instalaron en Niza atraídos por el clima. Justo después vimos, por ejemplo, el puerto con sus preciosos y caros barcos, la iglesia de Notre Dame du Port, la plaza Masséna y el palacio de justicia.
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| Hotel Negresco |
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| Vieux Nice |
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| Puerto de Niza |
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| Plaza Masséna |
| Palacio de justicia |
Entonces pusimos rumbo a la estación y el tren nos dejó en Villefranche sur Mer, una ciudad que ha robado un trocito de mi corazón. Ya en el andén el olor del mar inundó mis pulmones y se me quedó la boca abierta al ver el puerto.

Empezamos a caminar, nos adentramos en la ciudadela y recorrimos la calle oscura, una calle cubierta del siglo XIII que solamente está iluminada por unos faroles que cuelgan del techo, me hizo muchísima gracia. Después de reponer fuerzas con una cena riquísima y de dar el último paseo por el puerto, volvimos a Niza. Todavía nos quedaba un largo camino hasta casa disfrutando de la agradable noche. El viaje no podía haber empezado mejor.
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| Niza |
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| Niza |
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| Niza |
El día siguiente le tocó el turno a Eze sur Mer y a Eze Village. El tren nos dejó en el primero y allí cogimos un autobús que nos llevó hasta Eze Village. Un mínimo pueblo a 425 m sobre el nivel del mar. También tiene su encanto, es muy bonito y es completamente diferente al resto. Sus calles estrechas, las casas de piedra y algunas de sus cuestas llenas de flores te transportan a otro mundo. ¡Merece mucho la pena!
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| Eze Village |
Otra manera de acceder es a través del Chemin de Nietzsche, un camino muy bonito que bordea la colina y desde el que puedes disfrutar del mar. Nosotros lo utilizamos para bajar a Eze sur Mer mientras dábamos un tranquilo paseo y disfrutábamos del paisaje. Pienso en ello y no puedo evitar sonreír, fue una situación... inesperada y ¡un buen sustituto del autobús!
El sábado, el destino nos llevo (porque fue el destino, no la guía) a Saint Laurent du Var. Y de ahí fuimos a Cagnes sur Mer. No pudimos ver mucho pero sí avistamos desde lejos su castillo y dicen que el paseo de la playa es muy bonito. ¡Otra vez será!
Conclusión: lugar 100% recomendable. Ahora os podéis pasar por el blog Nikaia Aeterna, donde Javier explica mucho mejor que yo todos estos sitios y algunos más. Por cierto, los vídeos son suyos. ¡Disfrutadlo!
Y ya que empecé con una cita de Shakespeare (¡qué rápido pasa el tiempo cuando estás disfrutando de él!) acabo con otra que descubrí hoy por la simple razón de que me gusta:
"Sufrimos demasiado por lo poco que nos falta
y gozamos poco de lo mucho que tenemos"
[Para ver mejor las fotos, pinchad sobre ellas.]













1 comentario:
Un año después, recuerdos imborrables. Gracias Mary!!!
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