15 jul 2013

Norte

El mundo se detiene al sentirte.
 Lo sabe el que en sus manos te ha tenido
y los que a tu lado han amanecido:
sus vidas se pararon al vivirte.


15 abr 2013

Yo, yo y yo

Después de haber caminado y haberlo dejado todo en manos del destino, después de haberse reencontrado y de haberse despedido de nuevo. Se dio cuenta de que estaba otra vez en el mismo punto minúsculo de ese círculo vicioso en el que estaba metida y del que cada vez tenía más ansias de salir. Posiblemente ese sabio al que llaman tiempo también lleve a veces el disfraz de liante y se dedique a burlarse y a reírse de nosotros. "En este momento estoy muy bien" pensó ella, pero algo realmente bueno e inesperado, una bonita sorpresa de eso que siempre había deseado, no estaría de más.
Hace unos días le contaron un par de cosas muy tristes por las que está pasando gente conocida. Cosas inesperadas, sí; buenas, no. ¿Tiene derecho a quejarse? Repito la pregunta, ¿tenemos derecho a quejarnos? Por muy rutinaria que nos parezca la vida, por muy grandes que a uno le parezcan sus propios problemas, siempre hay alguien, posiblemente en la puerta de al lado, que sí que lo está pasando mal, muy mal. E incluso esa persona, esa que sí tiene derecho a quejarse, puede que piense que no tiene el privilegio de hacerlo porque el vecino de enfrente esta sufriendo lo indecible.
Mientras tenía esas ideas en mente, una luz se encendió y volvió a llegar a una sencilla pero efectiva, a su modo de ver, conclusión: muchos de los problemas del género humano están provocados por el egoísmo y la envidia. Ella tampoco se salvaba. Si dejáramos de utilizar tanto la primera persona del singular, tal vez saldríamos de este pantano en el que nosotros solitos nos hemos metido.

1 abr 2013

Y seguimos...

Hace demasiado tiempo que no me dejo caer por aquí y siento tener que hacerlo para hablar de lo que voy a hablar. Me da la sensación de que me repito pero tengo tal malestar encima, por decirlo finamente, que me tengo que desahogar de alguna manera. Estoy convencida de que el hecho de que yo dedique estas líneas a denunciar la ya cansina dejadez en la que se encuentra todo a orillas del Bedón no va a servir de mucho, por no decir de nada. Sin embargo, si no lo hago no me voy a quedar a gusto aunque algunos ya empiecen a pensar que soy una gran pesada. Así que ahí va. ¿Por dónde empiezo?

El ocho de enero de 2011 publiqué una entrada en la que hablaba de un peligroso desprendimiento en la senda que corre paralela a la playa de San Antolín de Bedón. Pues hoy, uno de abril de 2013, unos cuantos meses y lluvias después, el boquete sigue donde lo encontré la primera vez tal y como pude comprobar ayer.

4 de enero de 2011

21 de abril de 2011

31 de marzo de 2013

Los restos de la barandilla que "protege" la senda siguen en la playa tirados y unas grietas avisan unos metros más allá de que la historia se va a repetir.




Pero las cosas no acaban aquí. Si ya en su día también mencioné que los matorrales y los árboles inundaban dicha senda justo junto al río, tengo que decir que ahora se puede caminar estupendamente por ese tramo y no solamente porque hayan limpiado la zona, sino porque alguien ha decidido llevarse parte de la barandilla y ha dejado muertos de la risa los barrotes de madera que la sostenían. No sabía si echarme a reír o romper a llorar.

enero de 2011

31 de marzo de 2013

31 de marzo de 2013
Da pena, da mucha pena ver así de descuidada la zona. Porque no sólo es esto, también están los parques abandonados, los agujeros bien profundos en la calzada (exactamente en una de las plazas del aparcamiento de la playa), el saneamiento, los baches, la falta de iluminación, las inundaciones como consecuencia de obras llevadas a cabo por el ayuntamiento... En fin, para qué seguir.





Os pido desde aquí que no nos quedemos con los brazos cruzados, por favor. El Ayuntamiento de Llanes ha puesto a disposición de todos un Buzón del ciudadano que podéis encontrar en su página web. A través de él se pueden comunicar desperfectos o averías y solicitar información. Solamente hay que rellenar el cuestionario con vuestros datos personales y los datos de petición (aviso: a mí me ha dado error varias veces una vez completados todos los campos. La solución ha sido escribir en un único párrafo lo escrito en el campo titulado "expone"). Posiblemente no lo miren y no hagan caso de todo lo que les mandemos pero el no ya lo tenemos.
Para acceder directamente al portal podéis pinchar aquí.

16 ene 2013

Casa Raúl

Hace unos cuantos meses que no voy por la tierrina. ¿Y eso qué supone? Pues que hace mucho que no veo el Cantábrico, que no hago sobremesas de dos horas con mi familia, que no bebo un culín de sidra bien escanciado, que no como pipas sentada en la panda de la bolera con mis amigas, que no voy a la fuente a por agua y... ¡tantas cosas! Para mí estos pocos meses son una eternidad.
Y, tal vez por las horas que son, echo mucho de menos las reuniones en torno a una buena comida asturiana. Además de disfrutar de la comida de mi casa (de lo mejorcito), no me importaría cenar hoy en Casa Raúl. Así que he pensado hacerle un huequito en el blog.


El Bar Sidrería Casa Raúl está en la plaza de la Bolera en Naves de Llanes. A finales de los años 30 el bar estaba en otra plaza, la de Santa Ana, y en 1950 se trasladó al que es hoy su lugar. En ese entonces también era tienda y además tenía el único teléfono público del pueblo. En el año 2007 su fundador fue galardonado con el Premio de Turismo que concede el Ayuntamiento de Llanes.
Actualmente Casa Raúl tiene terraza cubierta, comedor y lo que sería el bar en sí. No es muy grande pero es muy acogedor. ¡Cuántas horas habré pasado yo allí! Cuántas noches de invierno con las estufas encendidas jugando y perdiendo a las cartas. Esas tardes de café con las revistas de cotilleos que terminaban horas más tarde con montañas de cáscaras de pipas en los ceniceros y cada vez más sillas alrededor de la mesa. Y por supuesto los aperitivos en familia, las porras cuando éramos pequeños y el tener que recitar diez holas al atravesar la terraza porque todo el mundo se conoce, es como una segunda casa.
Además uno no se puede perder su comida: mis alioli favoritas (soy adicta), los tortos, los champiñones rellenos, los escalopines al cabrales, los tigres, la tarta de queso... ¿Para qué voy a seguir? Si lo mejor es pasarse por allí. No soy una experta gastronómica, pero como decía mi abuelo: "estos nietos míos parece que tienen tres filas de dientes".

En Naves también podéis comer en la Cafetería Anabel, sobre todo pescado, y en el Llagar Sidrería Cabañón donde son conocidas su parrilla y su sidra.

¡Buen apetito!

7 ene 2013

Cuento. Primeras líneas.

En un lejano lugar, donde siempre salía el sol y donde todos sabían el nombre de cada una de las estrellas, un jovencito vivía en una pequeña casa con sus seis hermanos, sus padres y su perro Roque. Él se llamaba Tolino, aunque prefería que lo llamaran Tolín. Su pueblo estaba al norte del país y era pequeño o puede que mediano, dependiendo de la estatura de quien lo mirara. Eso sí, nunca nadie había salido de él, la palabra viajar no existía en su lengua.
Pero nuestro jovencito sabía que había algo más allá. ¿Cómo lo sabía?, me preguntaréis. Lo supo gracias a los pájaros. No penséis que ellos se lo dijeron, ¡qué idea! Los animales no pueden hablar o ¿tal vez sí? La verdad es que Tolín, que era muy observador, se había dado cuenta de que los pájaros iban y venían. Por lo tanto tendrían que llegar a un lugar en el que hubiera árboles en los que vivir y comida con la que alimentar a los polluelos.
Pájaros y perros eran de los pocos animales que había en Turias. También había vacas blancas y negras, alguien dijo una vez que hacía muchos años las había de color verdoso pero de eso no quedaban fotos ni dibujos, algún habitante tenía cerdos y otros cuidaban ovejas. Eso sí, tenían muchos tipos de peces, incluso unos que cambiaban de color cuando los mirabas. Pero eso era todo. Gatos, serpientes o mariposas nunca habían existido en el pueblo.
Era un lugar bastante bonito, tenía altas montañas a un lado y un furioso mar al otro. Miraras donde miraras, el paisaje siempre era verde porque llovía bastante aunque siempre acababa saliendo el sol. Había un río muy pequeño que atravesaba el pueblo. En él había un viejo puente de piedra desde el que los niños se tiraban cuando llegaban los meses de verano y si seguías caminando por la orilla llegabas a un molino en el que trabajaba la molinera. Fue ella la que enseñó a los niños aquello de:

Pi, Pi,
Zarabollín
Lleva los gochos
al molín.
El molín
moler, moler.
El ratón
roer, roer.
¿Cuánto me das
por este ratón?
Cinco duros
y un doblón...

A Tolín le encantaba esa canción, la utilizaba para echar todo a suertes con sus hermanos. Aunque siempre perdía, no sabía muy bien por qué. Posiblemente el ser el pequeño tenía algo que ver.
En Turias no solía pasar nada extraño. Los niños iban al colegio y jugaban por todo el pueblo, los padres trabajaban en el campo o en los comercios y los abuelos se sentaban en la puerta de sus casas mientras esperaban a que algo importante sucediera.

Continuará.