Hoy es un día especial y lo es por algo triste, muy triste: el séptimo aniversario de los atentados de Atocha. Puede que otros momentos se hayan borrado de mi memoria pero ese no, jamás lo hará. Sé exactamente lo que hice ese día: llegué a clase de Latín a las ocho y cuarto de la mañana sabiendo que algo muy malo había pasado, aunque en ese momento nadie tenía muy claro todavía lo que estaba sucediendo exactamente. Al pasar las horas se iban sabiendo más detalles. Al colegio faltaron muchos, a algunos de los que sí fueron les dieron ataques de ansiedad, a mi tutor le pilló en la estación comprando unos billetes de tren (más tarde nos contaría cómo el caos le impidió ayudar) y el resto nos sentíamos incapaces de abrir un libro. No podía ser verdad. Al caminar por la capital lo único que se veía eran miradas tristes y lo único que se oía eran las sirenas de las ambulancias. Ese día nadie sonrió.
Tengamos en nuestro corazón a esas 193 personas que desde ese 11 de marzo ya no están entre nosotros, a los 1850 heridos y a todas sus familias. Por ellos. Esperemos que algún día salga a la luz toda la verdad.
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1 comentario:
No olvidamos. Y nunca, nunca, nunca olvidaremos.
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