La lluvia repiquetea en la ventana. ¿Cuándo llegará el sol para quedarse? Me vuelvo a esconder bajo las sábanas, son las diez de la mañana de un día festivo de mayo. Lo primero que se me viene a la cabeza es esa sensación extraña con la que me acosté y la culpa la tiene una película que me ha hecho pensar. No sé muy bien qué es eso que tengo desde hace horas en la mente pero siento la necesidad de hacer algo distinto, darle un poco de emoción a esa rutina que me he impuesto desde septiembre y que se me ha complicado todavía más durante los últimos meses. Necesito que ocurra algo emocionante, algo que rompa mis esquemas (para bien, claro). ¿Una locura tal vez? ¡Me encantaría hacer tantas cosas! Decir lo que pienso o siento sin miedo, comer litros y litros de helado sin sufrir una indigestión o leer hasta perder la noción del tiempo. También me gustaría poder dedicar unas cuantas horas a algo por pura satisfacción personal, puede que recuperar los idiomas que hace años empecé a estudiar sea una buena idea. Ojalá pudiera ver todos los días a la gente que está lejos, hablar y reír con ellos. ¡Qué bien estaría poder teletransportarse! Quiero viajar más y pensar menos, dejarme llevar. Ver alguna noticia buena en la televisión y gritar si me apetece. Y, ¿por qué no? también escribir un libro de misterio y poner una dedicatoria en la primera página. Me gustaría encontrar a alguien como yo, que ese alguien se dé cuenta de que me ha encontrado y entonces sintamos la necesidad de que tenemos que recorrer el mundo juntos. Quiero ser la protagonista de esa historia que vi ayer. ¡Qué tonterías! Debería dejar de soñar, eso solamente pasa en las películas... ¿o tal vez no?
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