Los días pasaron, las semanas pasaron y llegó mayo. Cada vez quedaba menos y la espera empezaba a hacerse difícil. Pero ella sabía que era el último esfuerzo, que el premio tras la meta era inmenso y nada podría superarlo. Con esa idea en la mente, consiguió reunir la fuerzas suficientes para seguir adelante y llegar a julio.
El día había llegado. Cogió su maleta y guardó en su cartera el billete que le permitía volver a disfrutar de esa sensación. Unas horas más tarde, tras un pesado viaje, bajó del coche que la llevó hasta la casa. Dejó el equipaje en su habitación y salió a la calle para acudir a su cita. Tuvo suerte porque el sol reinaba en el cielo, así que nada estropearía el momento.
Diez minutos más tarde allí estaba, frente a ella. Tal y como lo recordaba, la espera había merecido la pena. Cerró los ojos e inspiró profundo, el olor del mar inundó sus pulmones. Por fin estaba pisando la arena que la vio crecer, reír, soñar y jugar. Si esa playa hablara, ¡todo lo que diría! Ahora tenía todo el verano por delante para leer sentada en sus piedras y pasear por su orilla. Sonrió, entonces se dio cuenta de que nunca podría dejar de volver.
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| Playa de San Antolín de Bedón |


1 comentario:
Un día paseando por San Antolín, alguien me preguntó:
- Qué haces
- Aquí pecando
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