Habían pasado dos meses desde la última vez que se había dado cuenta de cuánto lo necesitaba. El final de curso y los detalles de última hora habían conseguido quitárselo de la cabeza, al menos durante un tiempo. Pero sin enterarse llegó julio y con él el ansiado momento, el reencuentro con su rincón y con su gente. Ahora estaba a un paso de conseguirlo y el estómago no dejaba de hacerle cosquillas. Tenía casi dos meses por delante para disfrutarlo, para comer pipas sentada en la plaza, bajar caminando a la playa, tomar unas sidras el domingo (y cuando haga falta), ir hasta Punta Pestaña, coger agua de la fuente, pasear de pueblo en pueblo, reír con los amigos, la pandina, el olor a segado, las fiestas, correr bajo la lluvia, descubrir nuevos lugares, no oír ni un ruido, las cenas en Llanes (o donde se tercien), Gupiyuri, la familia, las excursiones en coche, la nueva gente, el furacu, la bolera, leer sentada en la arena y... desconectar.
Suspiró profundamente y empezó a contar las horas para llegar a ese otro mundo.
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1 comentario:
Cuantos veranos desde Cardosu a por agua a la fuente,tan fresca, y linda la moza.
Expresiones
Piedra
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