Tras darse cuenta de que en los caminos y en la vida no merece la pena correr, mientras seguía su rumbo, se dio cuenta de que la vida es mucho más sencilla de lo que parece. Todo se reduce a contrarios: lejos y cerca, amor y desamor, siempre y nunca, posible e imposible, sí y no, blanco y negro, tristeza y alegría... Lo único que hay que hacer es saber escoger uno de ellos, tener la suerte de acertar y en el caso de haber cogido el incorrecto, rectificar a tiempo. En todo caso, cuando ya no haya vuelta atrás, tarde o temprano todo vuelve a su lugar de origen y comienza otra vez de cero. Si hay que empezar de nuevo es porque tenemos que hacerlo, si nos equivocamos es porque tenemos que equivocarnos. De la experiencia se aprende, no hay que olvidarse de esos baches del camino para nunca más volver a caer en ellos.
Pensó que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra; levantó un poquito más el pie derecho, se apoyó en el izquierdo, y sorteó aquella que no le dejaba seguir la senda.
Esta vez no.

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