10 dic 2013

Diciembre

Diciembre es un señor elegante con sombrero negro, abrigo largo y gris, bufanda azul y paraguas oscuro. El pelo lo tiene nevado y camina cabizbajo tapándose como puede la nariz para que no se le congele. Diciembre es frío de nacimiento pero ciertos días se alegra, cambia la bufanda por una verde y enciende todas las luces de la casa. Se reúne con su familia y ríe y brinda con ellos por todo lo que les une, que no es poco. Todos los años lo hace los mismos días y cuando está acabando el mes hace un recuento, echa la vista atrás y comprueba que los buenos propósitos desaparecieron con la última uva del 31 del año anterior. Entonces hace una lista nueva que sabe que posiblemente tampoco llegará a cumplir. Le gusta el olor a frío al pasear por la ciudad y dejarse cegar por las luces de colores. Luces, sobre todo luces. Sabe que la vida es un círculo. Siempre las doce uvas y la pierna izquierda arriba. El blanco. Los cuartos, todavía no. Un poquito de champán. Aborrece al gordo de rojo importado, prefiere a los magos amigos de enero. Cree en la Virgen, San José y el Niño y no se avergüenza de decirlo. Tampoco puede remediar mandar decenas de felicitaciones con buenas intenciones a aquellos con los que últimamente no habla y a los que ve a menudo, lo hace porque realmente lo siente: felices fiestas de corazón por aquí, feliz Navidad por allá, este año será mejor que el anterior, que esté lleno de ilusión y alegrías...

Sin duda, Diciembre es un buen señor.

Duomo, Milán

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