3 dic 2013

Tópicos

"No os toméis la vida demasiado en serio; de todas maneras no saldréis vivos de ésta", o algo parecido, dijo el francés Bernard de Fontenelle. Hace unos días expliqué a mis alumnos de tercero de E. S. O. algunos tópicos literarios, entre ellos estaba, como no, el carpe diem. De todos los que dije, fue el único que reconocieron a la primera: "¿Tempus fugit? ¿Y eso qué es lo que es?" Pero fue sacar a relucir el de Horacio y un "ese sí" general recorrió la clase. Desde pequeños nos han bombardeado con esas dichosas palabras. Todos las hemos dejado salir de nuestra boca más de una vez, mentiría el que dijera lo contrario. Carpe diem por aquí, carpe diem por allá. Qué fácil es decirlo y qué difícil cumplirlo, yo soy la primera. Hasta que te das cuenta de que el mundo entero puede quedar paralizado durante una milésima de segundo y cuando vuelve a arrancar, ya nada es igual que antes. Entonces ya no planeas más allá de una semana o a lo sumo de un mes o dos. ¿Cómo podemos perder nuestro precioso tiempo en pensar lo que va a ser de nosotros en diez años? ¡Es una locura!
Desde el momento justo en el que terminé la carrera decidí no preocuparme por aquello de: ¿y cuando acabe de hacer esto qué voy a hacer después? Pues Dios dirá. El universo es bastante listo y, si estás receptivo, suele hacer que una cosa encaje con otra de forma natural. O eso pienso yo y así me ha ido bastante bien hasta ahora (¡toco madera!). A pesar de esto siempre me entran mil dudas sobre qué hacer en el momento en el que hay que elegir entre A, B o C. Y justo así estoy desde hace unos días, o puede que más y no me he dado cuenta hasta ahora, estoy en una encrucijada y no consigo poner el mapa al derecho.

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