28 sept 2011

Antonio López

Hace unas semanas me tocó hacer de guía por mi propia ciudad y aproveché la ocasión para volver al Museo del Prado y para conocer, por fin, el Thyssen. Además, desde que el pasado junio se inauguró la exposición de Antonio López, tenía unas ganas locas de ir. Y fui. Y me quedé con la boca abierta.
No entiendo nada de arte, nada de nada. Pero sí disfruto mucho viendo los cuadros y esculturas y con los de este artista hiperrealista, más todavía. La exposición se dividía en varios capítulos: memoria, ámbitos, Madrid, Gran Vía, árbol, desnudo, personajes, interiores, alimentos y proyectos. La primera parte de la exposición se centraba en sus obras de las últimas décadas y la segunda era una retrospectiva que permitía ver su evolución. Algo que me llamó mucho la atención es que para captar la luz idónea pinta a una determinada hora, durante determinados días, lo que hace que tarde años en terminar sus obras y por eso, algunas de las expuestas estaban sin finalizar. Las vistas de la capital y los dibujos a lápiz de interiores son impresionantes, te introducen completamente en el cuadro. Me quedo con ellos, con todas las esculturas y, en especial, con un cuadro titulado María (y no solo porque compartamos nombre).
Sin duda es algo que hay que ver más que leer. Lo demuestra el que haya sido la exposición con más visitas en la historia del museo: 318.169. La pena es que el día 25 se puso fin a la exposición. Pero si no la pudiste ver, estas son algunas de las opciones que tienes:

- Verla en el Museo de Bellas Artes de Bilbao desde el 10 de octubre hasta el 22 de enero.
- Hacer una visita virtual desde la página del museo Thyssen. Muy recomendable.
- Ver algunos de sus cuadros desde esa misma página.
- Ver en la web de El Cultural las que esta revista considera sus diez mejores obras.

¡Que lo disfrutéis!


14 jul 2011

Viajes : Londres

Ya está, se acabó. Tantos meses deseando venir y ya estoy casi con un pie en el avión de regreso a España. Mis quince días en Londres están llegando a su fin y, echando la vista atrás, no me arrepiento de haber venido.
Durante estas dos semanas he cruzado Chinatown, he bebido pintas en el Soho y he visitado los mercados de Camden, Brick Lane y Portobello.


Me he hecho la típica foto delante de los grandes paneles de neón de Piccadilly Circus y he comido a los pies de la estatua del ángel de la caridad cristiana que hay en el centro de la plaza (monumento que con los años se ha ido confundiendo con Eros, el dios del amor).


Por si la acumulación de gente que hay en Piccadilly me parecía poca cosa, me he paseado por la elegante Regent Street deteniéndome en cada escaparate y cuidándome mucho de no ser arrastrada por la marea humana. Desde ahí he podido seguir mis compras por Oxford Street, una auténtica locura en plenas rebajas, ¡qué cantidad de gente!


He visto espectáculos callejeros en Covent Garden y he cruzado Leicester Square. Por supuesto, no podían faltar Trafalgar Square, donde prácticamente cada día hay organizado algún evento, y su gran columna desde cuya cima el almirante Nelson divisa su flota. Este monumento fue levantado para conmemorar su victoria en Trafalgar, de ahí el nombre de la plaza.
En la National Gallery he podido pararme unos minutos delante de obras de Jan van Eyck, Velázquez, Rembrandt, Vermeer, Van Gogh, Turner, Gauguin, Monet, Manet, Degas y muchísimos más. Además, he visitado las salas de la Tate Modern y del British Museum.
En mi cámara también están las fotos de rigor del Buckingham Palace, de la torre de Londres (Tower Hill) y su puente, del London Eye, del Millennium Bridge... y como no, del Big Ben. ¡Y todo lo que no me ha dado tiempo a visitar!


Sin duda, algo que me ha encantado, y que me ha dado mucha envidia (sin ofender a nuestro querido Retiro), son los grandísimos y cuidados parques, desde Hyde Park hasta Green Park.


Eso sí, me he dado cuenta estos días de lo orgullosa que estoy del Metro de Madrid, ¡sin comparación! (por lo menos para mí).
En fin, recomiendo encarecidamente que os paséis por aquí alguna vez, merece muchísimo la pena.

21 jun 2011

Billete de ida y vuelta: Asturias-México

Aquí va otra historia más sobre mi familia, pero también la de muchos asturianos que emigraron a América y regresaron a sus tierras tiempo más tarde: los indianos.
Esta vez el protagonista es César, mi bisabuelo por parte de padre. Nació en La Pesa de Pría (Asturias) y, como muchos otros, se fue a México con su hermano para ganarse la vida. En uno de los veranos que vino a pasar a su tierra, exactamente en la fiesta del Henar en Nueva de Llanes, conoció a la que sería su mujer, Ángela. Ella nació en Pinar del Río (Cuba) pero era descendiente de asturianos. En el momento en el que se conocieron, ella ya había regresado de América y vivía en Nueva con su familia.
Cuando se casaron establecieron su residencia en la capital mexicana, aunque César tenía sus negocios relacionados con el algodón en Torreón, al norte del país. Él murió pronto y "Pequeña" (así llamaban a mi bisabuela en el pueblo) en vez de quedarse allí, embarcó rumbo a la Península con sus cuatro hijos en 1919. Uno de ellos, bebé, nunca llegaría a tierra ya que murió en el barco.
Al llegar a España se instaló en Santander y en 1927 encargó al arquitecto Enrique Rodríguez Bustelo la casa en la que tengo la suerte de pasar mis veranos en Nueva. Estas casas son una de las huellas fundamentales que los indianos dejaron en sus lugares de origen. Plagan el territorio asturiano y en el caso de Llanes, nos encontramos una en cada esquina. Raro es el pueblo del Concejo que no cuenta con una entre sus calles. La mayoría de ellas se caracterizan por un mirador o un gran ventanal y una palmera en el jardín.

Foto: Clara

Muchas son lo que se conoce como "casa-cubo" con una cubierta de dos o cuatro aguas bajo la que hay una buhardilla que también puede contar con una galería. Un ejemplo es la nuestra:

Casa de "Pequeña"

Como ya he dicho esta historia no es la única, se repitió en muchas familias. Pero ¿cuándo sucede esta emigración? y ¿por qué? En el siglo XIX, la mejora del transporte marítimo y los territorios americanos sin explotar contribuyeron a que comenzara una oleada de emigración desde las zonas atlánticas de nuestro país hacia el Nuevo Continente. Es en los años cincuenta del siglo XIX cuando esa aventura adquiere especial relevancia en Asturias. Las crisis agrarias de los años 1882 y 1887 aumentaron las salidas hacia Cuba, y a partir de 1895 surgieron otros destinos como México, Chile y Puerto Rico. Unos noventa mil asturianos emigraron a América entre esos años y 1900.
Fuente en Naves de Llanes
En cuanto al siglo pasado, las cifras son verdaderamente elevadas a partir de 1912, año en el que se alcanza el máximo histórico con algo más de quince mil emigrantes.
Centrándonos en los asturianos que salieron del concejo de Llanes, el destino elegido era principalmente México. Una vez allí, su mayor anhelo era volver a su tierra natal, esta es la razón por la que algunos de ellos, al volver a sus aldeas con una economía mayor al momento en el que se marcharon, cambiaron la vida de sus vecinos: mandaron construir escuelas, puentes y asilos, encargaron bonitas fuentes e, incluso, sustituyeron los faroles de petróleo por bombillas.

Imborrable huella la que mis bisabuelos dejaron en mi familia y la que el resto de indianos dejaron en sus aldeas.

17 jun 2011

Amable González Abín

Este año se celebra el centenario de la muerte del asturiano Amable González Abín. Este autor nació en Nueva de Llanes en 1862 y murió en 1911 en Piñeres de Pría.


Emigró a Cuba a la edad de 14 años pero volvería a la Península hacia 1887 para comenzar sus estudios en el Instituto de Oviedo. En 1891 recibió el título de Bachiller y se trasladó a Madrid para perfeccionar sus estudios y licenciarse en Filosofía y Letras. Más tarde sería profesor en el colegio de la Encarnación de Llanes, así como en el colegio de San Pedro y Santa María de Cardoso de Llanes.
Entre algunas de sus obras destacan un método de lectura en tres tomos, la puesta al día del tratado de Física Experimental y Aplicada de Pedro P. Ortiz, el compendio de gramática de Andrés Bello y un método de lectura para una editorial argentina. Además, colaboró en diversos periódicos y revistas.

Solamente se publicó uno de sus libros, en el mismo año en el que murió, bajo el título de Jueyinas del mió güertin, que tengo el placer de tener aquí a mi lado mientras escribo esta entrada.
En esta obra, dedicada a D. Ceferino del Campo Quesada, se combinan escritos en prosa y en verso, algunos de ellos en castellano y otros en bable de Llanes. Los temas que toca son múltiples y todos ellos representan esas jueyinas (hojitas) que González Abín toma del gran jardín que es para él Llanes. Son un claro reflejo del amor que sentía por la tierra que le vio nacer.

El libro está dividido en dos partes: la primera dedicada a las composiciones en verso y la segunda a la prosa. Algunos de sus poemas son: "Covadonga", "¡Espera!", "Las víctimas del mar", "Xunt' á la cuna", "Juan de Andrín"o "Cosiquinas".
Respecto a la prosa, en "Divirsiones" hace referencia a todas las ferias y romerías del concejo de Llanes: "En castañedu de San Antolín la feria y fiesta del día del Santu, [...] El Henar y El Cristo l' Amparu, en Nueva, y la romería de Loreto en Llamigu, á la que ya puede dise por carretera". Pero no será la única vez que mencione las fiestas, lo hará de nuevo, por ejemplo, en "San Antolín de Bedón".
Pero no todo es jolgorio, también reflexiona sobre el "Jabla y habla", propone rutas en "Excursiones", en "Nueva-Concha" como él mismo dice "non jago otra cosa más que parllar de' sti guapu rincón" y se atreve con uno de los temas que más preocupan a la humanidad en "De educación".

Y, por ese amor hacia "La tierrina" que comparto con González Abín, aprovecharé algunos de sus versos para decir:
que no hay tierra de cristianos
más guapina, ni meyor
para vivir lluengos años

13 jun 2011

Pequeño homenaje a Casa Modesta

A principios de 1924 se fundó en Oviedo el Bar Restaurante Modesta, más conocido como Casa Modesta. El nombre lo recibió de doña Modesta, su fundadora y mi tatarabuela. Una mujer trabajadora y una gran luchadora que se casó con 16 años y se quedó viuda con 24, tuvo ocho embarazos pero sólo sobrevivieron cuatro de sus hijos. Yo no llegué a conocer su restaurante porque cerró el 31 de julio de 1974 y el edificio fue derribado dos años más tarde, mucho antes de que yo naciera, pero mi madre, mis tíos y, por supuesto, mi abuela sí lo hicieron.
Casa Modesta estaba situada en la calle Jovellanos, cerca de la Catedral de San Salvador. El edificio, antes que restaurante, fue una antigua panadería y fábrica de chocolate, de ahí la gran chimenea que tenía y que se podía ver desde varios metros a la redonda.


Era conocido por su fabada, como no podía ser menos. Mi tatarabuela tenía fama como cocinera desde antes de fundar el restaurante ya que tuvo a su cargo el del Centro Mercantil y el del Casino de Oviedo. Hasta que le tocó el Gordo de la Lotería y abrió el suyo propio, entonces dejó de cocinar y pasó a dirigir. Casa Modesta estaba formada por un reservado con unas diez mesas, el comedor con otras quince y el bar en el que también se podía comer y que, además, era el lugar en el que hacían tertulia los ovetenses y donde se reunían para jugar al dominó. Allí eran atendidos por camareras uniformadas de negro, con delantal y cofia.
Pero no solo es recordado por su fabada, también la merluza tenía un gran éxito. Ésta tenía que ser de cuarto de kilo, si pesaba menos no valía y mi tatarabuela ordenaba que no la sirvieran.

Hay que decir que fue el único restaurante que permaneció abierto durante la Guerra Civil y en cuanto a precios, en un principio no se cobraba ni el pan (que al parecer era buenísimo) ni la sopa y una ración del plato estrella costaba, en 1930, una peseta y cincuenta céntimos.
Sus platos fueron saboreados por personas de renombre: José Antonio Primo de Rivera, varios ministros de la época, Gil Robles, el general Aranda, el tenor italiano Gianni Raimondi (se dice que quedó tan entusiasmado que acabó cantando para los presentes), el historiador José Fuentes Mares y el escritor José Pla. También pasaron por allí varios toreros: el Viti, Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordóñez, Jaime Ostos, los hermanos Girón, Diego Puerta o Fermín Murillo, por citar unos pocos. Incluso se llegaron a servir platos de su fabada en otros puntos de España, desde Madrid a Barcelona pasando por Salamanca, Santander, Granada o Palma de Mallorca.
Además, me cuenta mi abuela que cuando cerraban en Nochebuena ponían una mesa larga en el bar para que los clientes habituales que ese día iban a estar solos, e incluso los empleados que no se iban con los suyos, cenaran acompañados y gratis esa noche. Mi familia, como es de suponer, también era asidua del lugar, algunos incluso comían allí todos los días. Como nota curiosa, y para demostrar las vueltas que da la vida, cuando mi abuelo materno aprobó la reválida obtuvo como premio ir a Casa Modesta, en ese momento no sabía que años más tarde acabaría casado con la nieta de la dueña.

Navegando por internet he encontrado varios artículos en los que se hace referencia al restaurante, aquí os dejo algunos de ellos:

  • Ignacio Suárez fue quien derribó el edificio: "Casa Modesta, con aquella chimenea, junto al Molinón, la derribamos en 1976. Encontramos una trampilla, entramos y había dos túneles, con ladrillo romano, uno iba hacia las Pelayas y otro a la Catedral". (Entrevista completa)
  • "La merluza a la romana de Casa Modesta, la tortilla de merluza de Casa Bango y la merluza a la sidra del bar Nalón. Tres preparaciones excelsas de la época en que la cocina era todavía cocina y la merluza, merluza. [...] El historiador mexicano José Fuentes Mares elogió la fabada de Casa Modesta, en la que, como ya se ha dicho, la merluza a la romana era excelente". (Artículo completo)
  • "Casa Modesta [...] era una de las catedrales del buen comer ovetense, y su fabada una de las canónicas de Asturias". (Artículo completo)
  • También José Ignacio Gracia Noriega está convencido de que "la mejor fabada era la de Casa Modesta". (Artículo completo)
  • "Don Manuel Cortizo estudió Derecho en Oviedo y guarda recuerdo inolvidable de [...] los grandes restaurantes de la ciudad: en sus tiempos de estudiante Casa Modesta, y en la actualidad Casa Conrado". (Artículo completo)

Seguramente esta no será la última vez que Modesta se pase por Retazos.

Tati, mil gracias.
Y a Luis Arriones por su Hostelería del viejo Oviedo.